Kaspersky: El riesgo de creer que una empresa está protegida
Andrea Fernández, Gerente General de Kaspersky para la región SOLA, explica cómo SOCaaS, inteligencia de amenazas y capacitación ayudan a detectar incidentes a tiempo y reducir riesgos para el negocio.
Redacción Tecnología 21 / 19.06.2026 / 11:25 am

La ciberseguridad empresarial está entrando en una etapa más exigente en América Latina. Las amenazas se mueven con mayor velocidad, los atacantes aprovechan nuevas herramientas y las organizaciones ya no pueden depender únicamente de soluciones aisladas para protegerse.
En este contexto, conversamos con Andrea Fernández, Gerente General de Kaspersky para la región SOLA, sobre los desafíos que enfrentan hoy las empresas de la región: ataques más dirigidos, uso de inteligencia artificial por parte de ciberdelincuentes, falta de talento especializado, necesidad de monitoreo continuo y evolución hacia modelos como SOCaaS.
La conversación dejó una idea central: la ciberseguridad ya no puede entenderse solo como tecnología. También es operación, respuesta, inteligencia, capacitación y confianza empresarial.
Kaspersky en América Latina
Consultada sobre la situación actual de Kaspersky en América Latina, Andrea Fernández señaló que la compañía se encuentra en una etapa de crecimiento en la región.
“Estamos creciendo. En lo que concierne a Latinoamérica, y especialmente a mi región, estamos teniendo una entrada muy fuerte”.
La ejecutiva también destacó que Kaspersky ha mantenido una posición sólida en sectores como gobierno, uno de los espacios donde la compañía ha tenido presencia relevante en la región.
Aunque esta primera mirada fue general, sirve para ubicar el contexto: la demanda de ciberseguridad continúa aumentando en América Latina, impulsada por un entorno de amenazas cada vez más complejo y por la necesidad de que las organizaciones fortalezcan su capacidad de respuesta.
Ataques más dirigidos y uso de inteligencia artificial
Uno de los puntos más importantes de la entrevista fue el uso de inteligencia artificial por parte de los atacantes. Para Andrea Fernández, esta tecnología ya forma parte del escenario actual de amenazas y está siendo utilizada para mejorar la focalización de los ataques.
“Los atacantes la están usando muchísimo. Están focalizando mucho quién va a ser atacado”.
Esto obliga a las empresas de ciberseguridad a investigar de manera permanente. La velocidad del cibercrimen exige que los fabricantes no solo desarrollen soluciones, sino que mantengan equipos especializados capaces de analizar lo que está ocurriendo en tiempo real en distintas partes del mundo.
“Los atacantes se mueven muy rápido. Si no hay un equipo de investigadores detrás del fabricante, actualizándose e investigando todo el tiempo, comprar una solución sin un basamento real es complejo”.
Para la ejecutiva, la ciberseguridad actual ya no puede explicarse únicamente desde conceptos tradicionales como antivirus o firewall. Las organizaciones necesitan capacidades más amplias, especialmente en detección y respuesta.
“Ya no hablamos más de antivirus. Hoy hablamos de protección, de respuesta y de estar prevenidos frente al ataque”.

El factor humano sigue siendo decisivo
Uno de los errores más frecuentes en las organizaciones es creer que la protección depende solo de la tecnología. Andrea Fernández remarcó que las herramientas son indispensables, pero no suficientes si las personas no están capacitadas.
“Hoy ya no alcanza solo con tecnología. Hay que ser robusto en tecnología, pero hay un eslabón fundamental que es el humano”.
La ejecutiva mencionó situaciones cotidianas que pueden convertirse en riesgos: empleados que guardan archivos corporativos en nubes personales, usuarios que no identifican correos maliciosos o personas que hacen clic en enlaces sin verificar su origen.
“Siempre está el empleado que decide guardar un archivo en la nube personal, o que no sabe leer un mail o identificar si debe tocar un link o no”.
Este punto es clave porque muestra que la ciberseguridad no es solamente un asunto técnico. También depende de hábitos, cultura organizacional, criterios de acceso, formación interna y responsabilidad cotidiana.
De herramientas aisladas a monitoreo y respuesta
Para Andrea Fernández, las empresas deben avanzar hacia una visión más continua de la ciberseguridad. Ya no basta con comprar herramientas: se necesita una operación capaz de monitorear, interpretar señales y responder con rapidez.
En ese sentido, los Centro de Operaciones de Seguridad (SOC) cumplen un papel cada vez más relevante.
“Hoy se habla mucho de los Centro de Operaciones de Seguridad (SOC) que permiten reaccionar rápido. Las grandes empresas ya adoptaron el esquema de tener un SOC interno”.
Sin embargo, no todas las organizaciones tienen los recursos para montar su propio centro de operaciones. Un Centro de Operaciones de Seguridad (SOC) requiere especialistas, procesos, herramientas, inteligencia de amenazas y monitoreo permanente. Por eso, muchas compañías recurren a partners especializados que ofrecen estos servicios de manera externa.
“Se está dando mucho que nuestros partners, especialmente en Perú, ofrecen el servicio de Centro de Operaciones de Seguridad (SOC). Esto permite que la empresa pueda tercerizar frente a un partner y decir: ‘hazte cargo de mi seguridad’”.
Andrea Fernández aclaró que tercerizar no significa necesariamente delegar el 100% de la seguridad, sino fortalecer la operación con apoyo especializado.
También advirtió que las empresas deben evaluar cuidadosamente a sus proveedores. No se trata solo de contratar monitoreo, sino de entender la calidad real del servicio.
“Hay que saber elegir bien ese servicio. No es solo un monitoreo sencillo. Hay que entender qué características tiene ese partner, qué marcas utiliza y si realmente tiene un servicio que pueda proteger a la empresa”.

SOCaaS: Inteligencia para detectar a tiempo
En este escenario aparece el modelo SOCaaS, o Security Operations Center as a Service, que permite a una organización acceder a capacidades de un centro de operaciones de seguridad sin construir toda la infraestructura internamente.
Andrea Fernández explicó que las amenazas actuales son cada vez más dirigidas y que los atacantes combinan técnicas conocidas con nuevas capacidades.
“Cada vez las amenazas son más dirigidas. Están utilizando diferentes herramientas: inteligencia artificial, phishing y ransomware. Están utilizando lo que ya conocemos, pero lo están potenciando”.
Desde la perspectiva de Kaspersky, el valor de estos servicios no está únicamente en observar alertas, sino en contar con inteligencia de amenazas. Esa inteligencia permite entender qué está ocurriendo en el mundo y trasladar ese conocimiento a los servicios que los partners ofrecen a las empresas.
“Al final del día, lo importante es tener un servicio de inteligencia. Tenemos investigadores que saben lo que está pasando en el mundo”.
Esa información, según Andrea Fernández, ayuda a que los partners puedan ofrecer mejores capacidades de protección y respuesta al cliente final.
“Eso permite que la empresa esté protegida 24/7, o por lo menos que tenga una capacidad de reacción rápida; que sepa si alguien entró, si alguien está revisando sus datos o robando su información”.
Cuando el tiempo cambia el impacto de un incidente
En ciberseguridad, el tiempo es determinante. Detectar tarde un incidente puede aumentar el daño técnico, económico y reputacional. Por eso el monitoreo continuo y la inteligencia de amenazas se vuelven capacidades críticas.
Andrea Fernández advirtió que las amenazas que aparecen en otras partes del mundo pueden llegar rápidamente a países como Perú.
“Poder anticiparse y tener una idea de las amenazas que están sucediendo a nivel mundial es muy importante, porque lo que ocurre a nivel mundial puede llegar en cuestión de días u horas a Perú”.
Esta afirmación resume uno de los grandes desafíos actuales: las empresas ya no operan en un entorno local aislado. Los ataques, técnicas y campañas pueden propagarse rápidamente entre mercados, sectores y países.
Por ello, la ciberseguridad debe entenderse como una capacidad permanente de observación y respuesta, no como una reacción improvisada después del incidente.
Ciberseguridad y confianza empresarial
Uno de los momentos más claros de la entrevista llegó cuando se abordó la mirada de los gerentes generales y líderes empresariales que todavía consideran la ciberseguridad como un gasto.
Andrea Fernández fue directa: el riesgo de no protegerse adecuadamente puede ser mucho mayor que la inversión preventiva.
“Le diría que el riesgo que está asumiendo es enorme. No es un gasto”.
La ejecutiva explicó que las consecuencias de un ataque pueden afectar seriamente a una organización, especialmente en sectores como banca, industria o empresas que manejan información sensible.
“La repercusión de un ataque puede ir desde perder datos hasta ser extorsionado, que bajen tus acciones o perder credibilidad”.
El impacto no se limita a la infraestructura tecnológica. Un incidente puede comprometer continuidad operativa, confianza de clientes, reputación corporativa, información crítica e incluso valor de mercado.
“No es un gasto. El gasto puede venir si no estoy bien protegido”.
Esta idea sintetiza uno de los mensajes más importantes de la conversación: la ciberseguridad debe ser entendida como una condición para operar con confianza en un entorno digital.

Capacitación, accesos y cultura de prevención
Como recomendación final, Andrea Fernández insistió en la importancia de capacitar a todos los empleados. La protección empresarial no depende solo del área de tecnología o seguridad; involucra a toda la organización.
“Hay que estar alerta. Hay que capacitar a la gente, a todos los empleados. Hay que enseñarles cómo leer un mail, cómo chequear si la fuente es verídica antes de hacer clic en un enlace”.
También recomendó cuidar el uso de dispositivos corporativos, evitar mezclar información empresarial con actividades personales, cifrar información sensible y limitar el acceso a datos críticos.
“Hay que cifrar la información básica y evitar que todos los empleados tengan acceso a información crítica”.
Estas recomendaciones apuntan a una idea sencilla, pero fundamental: muchas amenazas pueden agravarse no solo por fallas tecnológicas, sino por decisiones humanas, accesos mal gestionados o falta de hábitos de seguridad.
Una nueva madurez en ciberseguridad
La entrevista con Andrea Fernández deja una conclusión clara: las empresas de América Latina necesitan avanzar hacia una nueva madurez en ciberseguridad.
Ya no se trata solo de instalar herramientas. Tampoco basta con reaccionar cuando el incidente ya ocurrió. La protección moderna exige monitoreo continuo, inteligencia de amenazas, capacidad de respuesta, capacitación interna y una visión empresarial de la confianza.
Modelos como SOCaaS responden a esta necesidad porque permiten que organizaciones sin un Centro de Operaciones de Seguridad (SOC) propio accedan a capacidades especializadas de vigilancia y respuesta. Pero el desafío sigue siendo más amplio: elegir bien a los partners, fortalecer la cultura interna y lograr que la alta dirección entienda que la ciberseguridad no es un gasto secundario, sino una condición para la continuidad del negocio.
En un entorno donde los atacantes se mueven rápido y las amenazas pueden cruzar fronteras en cuestión de horas, la pregunta para las empresas ya no es si deben protegerse, sino qué tan preparadas están para detectar, responder y sostener la confianza cuando algo ocurre.
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