Kingston: Memoria y almacenamiento en la era de la IA
Jean-Pierre Cecillon, Director Regional de Kingston para Sudamérica de Habla Hispana, analiza cómo la demanda de los centros de datos está transformando el mercado y las decisiones de compra.
Redacción Tecnología 21 / 22.07.2026 / 8:02 am

La inteligencia artificial no vive solamente en algoritmos. Cada modelo que se entrena o ejecuta depende de una infraestructura física compuesta por procesadores, energía, memoria y almacenamiento. El crecimiento acelerado de los centros de datos está elevando la demanda de esos componentes y modificando decisiones que terminan afectando también a computadoras, teléfonos, empresas y consumidores.
En este contexto, conversamos con Jean-Pierre Cecillon, Director Regional de Kingston para Sudamérica de Habla Hispana, quien describió un mercado que cambió con rapidez desde el último tramo de 2025. Su lectura no parte de una paralización de fábricas, sino de una demanda que avanzó más rápido que la capacidad disponible y que está llevando a los fabricantes a priorizar productos destinados a servidores e infraestructura de inteligencia artificial.
“La demanda está superando ampliamente las capacidades de producción globales”, afirmó el ejecutivo.
Una demanda que cambia el equilibrio
Los datos del mercado respaldan la existencia de una presión extraordinaria. TrendForce informó que los precios contractuales de la DRAM convencional aumentaron aproximadamente entre 93% y 98% durante el primer trimestre de 2026 frente al trimestre anterior. Para el segundo trimestre, la consultora proyectó nuevas alzas en DRAM y NAND Flash, impulsadas por la demanda de servidores de IA y por la reasignación de capacidad hacia aplicaciones empresariales.
Estas cifras corresponden a precios de contrato dentro de la cadena industrial y no se trasladan de forma lineal ni inmediata al precio final de cada producto. Jean-Pierre Cecillon explicó que los inventarios existentes, los tiempos de transporte y las políticas de cada canal retrasan el impacto. Por eso, el consumidor puede percibir la subida varias semanas o meses después de que el costo de los componentes ya cambió para fabricantes y distribuidores.
La diferencia temporal es importante para comprender el mercado. Los módulos de memoria pueden viajar por avión y reflejar con rapidez un nuevo costo de reposición; una computadora terminada suele llegar por barco y puede conservar durante más tiempo un precio asociado a inventarios anteriores. Ese desfase puede generar periodos en los que actualizar un equipo parezca desproporcionadamente caro frente a comprar uno nuevo, hasta que el precio del sistema completo también se ajusta.
El impacto llega de forma desigual
La presión no afecta de la misma manera a todos los compradores. Las empresas pueden tener proyectos que no admiten postergación —migraciones de sistema operativo, ampliaciones de infraestructura o nuevas aplicaciones— y suelen disponer de mayor capacidad financiera. El consumidor, en cambio, puede aplazar la compra de una memoria, un SSD o una computadora.
Cecillon señaló que Kingston observa una contracción en las compras de consumo, compensada parcialmente por una mayor actividad corporativa. Aun así, sostuvo que la compañía mantendrá su atención en el canal, los usuarios finales, los entusiastas y las pequeñas empresas. Para Kingston, ese mercado no representa solo facturación: también es el espacio donde la marca deja de ser un componente oculto dentro de una máquina y construye una relación directa con el usuario.
El reordenamiento de prioridades ya produjo decisiones visibles en la industria. En diciembre de 2025, Micron anunció su salida del negocio de consumo de Crucial para concentrar el suministro en clientes estratégicos y segmentos empresariales de mayor crecimiento. El caso no significa que todas las compañías seguirán la misma ruta, pero muestra el atractivo que hoy ejercen los centros de datos sobre la capacidad disponible.
Para los mercados iberoamericanos, sensibles al precio y acostumbrados a extender la vida útil de los equipos, el efecto puede traducirse en computadoras más caras, configuraciones más modestas y renovaciones postergadas. No es únicamente un problema de acceso: también obliga a evaluar mejor el costo total, la compatibilidad y el tiempo durante el cual una inversión seguirá siendo útil.

Cómo Kingston gestiona disponibilidad y calidad
Kingston se abastece de chips DRAM de fabricantes como Micron, SK hynix, Powerchip, Nanya y otros proveedores. La compañía diseña, ensambla, valida y prueba los módulos que comercializa. En un contexto de alta demanda, Jean-Pierre Cecillon explicó que la disponibilidad depende de relaciones de largo plazo y de la capacidad para mantener asignaciones con distintos fabricantes.
La calidad responde a otro proceso. Kingston declara que inspecciona los chips que recibe, valida nuevos diseños y prueba todos los productos terminados. Jean-Pierre Cecillon afirmó que ese estándar no cambia cuando el mercado se encarece: la empresa continúa utilizando componentes calificados y mantiene sus pruebas de producción. “La calidad es difícil de negociar”, sostuvo.
La distinción es relevante porque varias marcas pueden abastecerse de fabricantes similares. El valor del producto final no depende únicamente del origen del chip, sino también de su selección, el diseño del módulo, la compatibilidad, las pruebas, la garantía y el soporte posterior.
32 GB: una referencia para equipos de mayor duración
Microsoft establece como requisitos mínimos para una Copilot+ PC una NPU de al menos 40 TOPS, 16 GB de RAM y 256 GB de almacenamiento SSD. Esas condiciones definen la categoría, pero no equivalen necesariamente a una configuración recomendable para cualquier carga de trabajo ni para un equipo que deba mantenerse vigente durante varios años.
Jean-Pierre Cecillon considera que una computadora corporativa adquirida hoy debería partir de 32 GB de RAM cuando se espera utilizarla durante tres, cuatro o cinco años. Su recomendación toma en cuenta la ejecución simultánea de navegadores, herramientas de colaboración, sistemas de seguridad, aplicaciones empresariales y funciones de inteligencia artificial.
El almacenamiento requiere una evaluación distinta. Un usuario conectado de forma permanente a servidores corporativos o servicios en la nube puede trabajar con 256 GB, pero esa capacidad resulta limitada cuando se utilizan archivos locales, aplicaciones pesadas, contenido audiovisual o conexiones inestables. Para esos escenarios, Jean-Pierre Cecillon sitúa la referencia práctica en 512 GB o 1 TB SSD.
La recomendación no debe convertirse en una regla universal. El criterio correcto es relacionar la configuración con el trabajo real, el crecimiento esperado de los archivos y la vida útil prevista. Comprar únicamente por el requisito mínimo puede reducir el costo inicial, pero también adelantar una nueva ampliación o reemplazo.

Cifrado y respaldo resuelven problemas distintos
La conversación sobre almacenamiento conduce inevitablemente a la seguridad. Muchas organizaciones usan servicios en la nube, pero siguen transportando contratos, estrategias, bases de datos y otros archivos sensibles en memorias USB o unidades externas.
El cifrado por hardware protege la confidencialidad: si el dispositivo se pierde o es robado, dificulta que una persona no autorizada acceda a los archivos. Sin embargo, no evita la pérdida de la información cuando ese dispositivo contiene la única copia.
Por ello, Jean-Pierre Cecillon recordó la regla 3-2-1: conservar tres copias de los datos, utilizar al menos dos tipos de soporte y mantener una copia fuera de la ubicación principal, preferiblemente aislada de la red. La estrategia no elimina todos los riesgos, pero reduce la posibilidad de que una falla, un robo, un incendio o un ataque de ransomware destruya simultáneamente toda la información.
La diferencia puede resumirse con claridad: el cifrado protege quién puede leer los datos; el respaldo protege la posibilidad de recuperarlos. Una política responsable necesita ambos.
Actualizar o reemplazar una computadora
Para profesionales y pequeñas empresas, la subida de precios vuelve más compleja una decisión habitual: ampliar la RAM o instalar un SSD, frente a reemplazar por completo el equipo.
Jean-Pierre Cecillon evitó proponer una fórmula única. La respuesta depende del procesador, la compatibilidad con el sistema operativo, el estado de la batería, las aplicaciones, los requisitos de seguridad y el costo de una computadora nueva con prestaciones equivalentes.
Cuando el procesador todavía responde adecuadamente y la principal limitación es la falta de memoria o espacio, una actualización puede extender la vida útil y proteger la inversión. El reemplazo gana sentido cuando la plataforma ya no recibe soporte, no puede ejecutar el software necesario, presenta problemas de eficiencia o incorpora restricciones que una ampliación no resolverá.
En Iberoamérica, donde muchas personas y organizaciones utilizan sus equipos durante ciclos más largos, esta evaluación tiene un valor económico y ambiental. Actualizar no siempre es la respuesta, pero sigue siendo una herramienta válida cuando resuelve el cuello de botella real.

Precio, procedencia y confianza
El encarecimiento también aumenta la tentación de recurrir a productos de procedencia desconocida, marcas sin respaldo o posibles falsificaciones. Jean-Pierre Cecillon advirtió que una diferencia de precio excesiva debe entenderse como una señal de riesgo, especialmente en almacenamiento, donde una falla puede comprometer información difícil o imposible de recuperar.
Kingston reconoce que sus productos son objeto de falsificación y ofrece pautas de verificación, además de recomendar la compra mediante distribuidores y revendedores autorizados. La advertencia del ejecutivo no implica que Kingston sea la única marca confiable; su argumento es que el precio debe evaluarse junto con la garantía, la presencia local, el soporte y la trazabilidad.
Para una empresa, una memoria defectuosa o un SSD sin respaldo pueden provocar interrupciones, costos de recuperación y daños reputacionales. Para una persona, la pérdida puede involucrar años de documentos, fotografías o proyectos. En ambos casos, el valor de la información suele superar ampliamente el precio del dispositivo que la almacena.
La memoria se convierte en una decisión estratégica
La expansión de la inteligencia artificial está elevando la importancia de componentes que durante años fueron tratados como simples especificaciones técnicas. La memoria y el almacenamiento ahora forman parte de decisiones sobre continuidad, productividad, seguridad y vida útil.
La lectura de Jean-Pierre Cecillon es prudente: no existe una fecha segura para el regreso a precios anteriores y la industria seguirá adaptando su capacidad a la demanda de los centros de datos. Frente a ese escenario, empresas y consumidores no pueden controlar el mercado global, pero sí pueden comprar con mayor criterio, dimensionar mejor sus equipos, proteger sus datos y exigir procedencia y soporte.
La inteligencia artificial está cambiando el valor económico de la memoria. La decisión más importante continúa siendo humana: saber qué capacidad se necesita, qué información debe protegerse y cuándo conviene actualizar, reemplazar o esperar.
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